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Escrito el 16 febrero, 2012 - por JZ
Buen espectáculo, mala Gala
Queridos todos. Todos a quienes conozco y aprecio y que de una manera u otra han participado en la fiesta de la Reina. A mi la Gala del miércoles, vista desde un sillón en la `Tele Autonómica´ que no es de todos sino de Paulino Rivero, y de Bermúdez en Carnaval, no me pareció la imagen internacional ideal para nuestra fiesta. Ese show en cualquier localidad del Norte o Sur de Tenerife, donde no hay grupos ni bagaje carnavalero, hubiera sido digno. Pero en la capital tinerfeña, suplantar a los protagonistas para convertir el espectáculo en un musical en ocasiones entretenido pero excesivamente largo, no me gustó. A un director de aquí, además “diseñador que cambia aguja y dedal por dirección” como dice El Día, hay que reprochar más que a ningún otro el olvido del verdadero sentir carnavalero, es decir los colectivos.
Salvo Caña Dulce y poco más, los grupos no estuvieron en la Gala. Hubo varios cócteles de comparsas, la Fu-Fa (a quien no dejaron cantar su mejor canción para este año, Coalición Canalla) y Bambones (que esa sí cante a Zerolo, aunque ya no esté en el palco de la grada, las sospechas que fiscal y policías no prueban y un letrista de murga sí). Pero la gran familia carnavalera no estuvo. Ni rondallas, ni grupos coreográficos, ni personajes con disfraz premiado, ni agrupaciones, ni siquiera números ideados para sacarlos a todos juntos. Eso sí, cantó Bustamante.
Yo recuerdo galas que exprimieron al máximo las posibilidades de los grupos del Carnaval de Santa Cruz, logrando su mejor imagen e interpretaciones. Como hizo Tamayo en la Plaza de Toros o Sergio García en la Plaza de España; incluso alguna dirección de Azpilicueta. Lo que fabricó el diseñador Armas en el Recinto Ferial fue un espectáculo de muchos minutos y poco vendible al exterior, que llegó al corazón de Santa Cruz gracias al merecidísimo homenaje a las reinas y el recuerdo a Manuel Monzón, que debió sonar a comparsa no a composición orquestera. Un buen espectáculo pero una mala Gala. Ese musical, con protagonistas populares como Morocho o Pepe Benavente, convirtió la elección de la Reina en un show alejado de lo que se debería buscar y pocas veces se ha encontrado.
El de anoche fue un acto donde cobraron más protagonismo los maestros de ceremonia y los cantantes invitados que la olvidada participación de los protagonistas. Faltó argumento y fueron los resignados presentadores -que nada cobran por su trabajo, ya veremos en el futuro si el gesto tiene o no compensación municipal-, quienes improvisaron cada uno a su manera las consignas planteadas muy claramente desde el inicio: Mención de sus mecenas publicitarios (Danone, Maya, la serie Lobos…), “viva” el presi y el alcalde, machacar constantemente que “la Gala es un éxito” que no va a durar nada (finalmente casi cuatro horas), y que Juan Carlos Armas es un genio y tiene tienda abierta para quien guste. Y eso es de todo menos un libreto adecuado a un acto que debería quedar libre de publicidad encubierta. La ausencia de guión coherente y riguroso tiene una justificación clara. Aquí se trabaja para el alcalde y Coalición Canaria y el que no quiera no está en la foto.
Curiosas las entradas en Facebook, a las nueve y media de la noche sin arrancar aún el espectáculo por culpa de un partido entre ingleses e italianos, con calificativos de “qué bien la gala”, “la mejor de la historia”… O las respuestas en la página de Bermúdez, donde una veintena de `culichichis´ bien colocados bajo el sueldo de la administración local, encumbran a Juan Carlos Armas y la gestión municipal del Carnaval 2012 a la cima del estrellato digno de Grammy, Goya o el mismísimo Oscar. Lo de las constantes menciones a José Manuel Bermúdez y Paulino Rivero y su intervención en la TVAC mientras actuaban los grupos, es un reflejo más de la manipulación a la que está sometido el Carnaval. ¿Cuánto habrá costado la construcción de un decorado especial para sólo tres minutos de auto-entrevista? Provocar la dimisión como jurado de un señor digno, imparcial y profesional como José Antonio Pardellas, mientras se sientan a premiar candidatas tres subvencionados de Tenerife Moda y su gerente, es una muestra más de la torticera utilización política de la fiesta. Sobre todo cuando finalmente el Tranvía pasea Reina este Carnaval.
Santa Cruz de Tenerife ha logrado algunos años galas espectaculares, capaces de atraer atención internacional. La clave está en no repetir errores. De este año se puede aprender que mirarse mucho el ombligo impide proyección exterior. Pero lo más importante, las grandes galas de Santa Cruz lo han sido por la brillantez de los auténticos protagonistas de la fiesta, los grupos. Anoche los eché de menos.
Escrito el 29 enero, 2012 - por JZ
Reinas en el olvido

Ay, pobres Reinas del Carnaval de Santa Cruz. Guapas representantes de barrios de la capital que tras ser coronadas y disfrutar de unos pocos honores durante la fiesta, son olvidadas y no reconocidas como debieran. Cualquier concurso de belleza lleva siempre aparejado un premio económico, trabajo seguro, regalos importantes… Pero en la fiesta chicharrera, en la celebración de la exaltación anual de la belleza santacrucera, a la que adorna además increíbles fantasías, la máxima aspiración de la ganadora es un reloj de marca media, un diploma o un viaje a algún Carnaval del mundo en el que nada de turismo y sí enorme esfuerzo y curro para dejar buena imagen de la ciudad que la vio nacer.
Además de la habitual polémica sobre Gala buena-Gala mala, director brillante-director `metepata´, lo que siempre nos queda de la elección es la abnegada chica que tras ser convencida por diseñadores, familia y finalmente el grupo o empresa al que represente, entrega lo mejor de sí para competir y ser la máxima figura de nuestra fiesta, el icono o logotipo vivo fundamental del Carnaval. Sin embargo, el Ayuntamiento no ha valorado nunca -en su justa medida- el esfuerzo y amor que estas jóvenes entregan a su ciudad.
El más claro ejemplo de ello fue la reciente operación del hijo de Ana María Tavarez, Reina en 2009. Fueron las redes sociales primero y algún medio de comunicación después las que impidieron que el joven matrimonio perdiera a su hijo Giovanny, por carecer de medios para la asistencia específica que necesitaba en Madrid. Pero sin llegar a casos extremos, la historia del Carnaval nos depara olvido permanente de las reinas.
La juventud, frescura, simpatía, entrega y predisposición a representar lo mejor posible la ciudad debería tener premio. Cualquiera que tenga edad y memoria suficiente, se acordará de ésta o aquella candidata que llegó a ser Reina por cautivar, no sólo el corazón de los jurados sino el amor y complicidad de su pueblo. ¿O nadie recuerda el contonear -la primera en hacerlo hasta entonces- de la guapa Seve?, aquella chica de El Cardonal que logró ser coronada con un `menéame´ de aquí te espero. Desde que en 1965 María de los Ángeles Gimbernat lograra el cetro, hasta la más reciente ganadora Naomi Cabrera Pulido, ninguna corporación ha tenido la ocurrencia de recompensar adecuadamente a las casi 50 Reinas del Carnaval.
En Santa Cruz de Tenerife sólo una Reina ha sido convenientemente homenajeada y reconocida, Celia Cruz, jamás votada por un jurado sino por más de 250.000 personas bailando sus canciones. Ya es hora de homenajear al resto. Pongan ustedes, señores políticos, un busto de cada Reina en cualquier plaza o esquina del barrio que las vio nacer. Escriban sus nombres a nuevas calles. Convóquenlas a un acto en el que agradecerles lo que han hecho por la capital. Incluyan como premio a la ganadora la correcta preparación y un puesto de trabajo en la administración local (como persona de confianza o contratada ajustada a la Ley). Hagan algo. Den señales de agradecimiento. Al menos, díganlo públicamente.

