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Escrito el 2 marzo, 2009 - por JZ
Ber-Mayor vs Stoiento, la Gran Pelea
En una esquina el tricampeón tinerfeño, 12 años con el cinturón de la Federación Cabildo, José Manuel Ber-Mayor (se pronuncia “bermeior”). En la otra, la supuesta promesa del pugilismo chicharrero que aún no ha ganado por KO, ha tenido dos empates y ochenta y siete derrotas por KO: Ángel Stoiento (se pronuncia “estoyentó”) Llanos. Es la pelea de la década, ya se ven los carteles del combate y comienzan a jugarse apuestas.
Ambos púgiles llevan su entrenamiento a rajatabla. Sus entrenadores y managers les mantienen en concentración máxima desde el inicio de las fiestas de Carnaval. Una vez que el Muhammad Ali del Ayuntamiento de Santa Cruz, Miguel Cassius Zerolo, mostró su apoyo al candidato Ber-Mayor; en la presentación de la pelea los contrincantes se habían mirado con cara de perro, a punto estuvo Stoientó Llanos de moderle una oreja a Jóse Ber-Mayor. Desde ese día, no ha dejado de observar cada mañana la foto de su rival en 2011. Sí, la pelea será ese año pero, como los grandes acontecimientos norteamericanos que hacen historia, este combate necesita tres años de preparativos, presentación, animación y torpedeo mediático permanente a los aficionados.
La foto de Llanos en la mesilla de noche, en el espejo del baño, en la puerta de la nevera, en el retrovisor del coche, en el cartel del aparcamiento… Vamos, hasta los mismísimos huevos de Llanos. Llega al trabajo y sus asesores le muestran decenas de medios escritos (la mayoría con publicidad de la Sociedad del Subdesarrollo anunciando el combate) con la foto de… sí, Stoiento Llanos, de quien no se sabe donde irá el puño cuando suelte la derecha; las izquierdas, todas desviadas. Es el mejor aliciente para el entrenamiento psicológico.
Y Stoientó que aspira, respira, transpira y mata por ser alcalde, con dieta canaria mientras sigue el manual de entrenamiento nacional-español. Regalando mantas de La Esperanza para contentar corazón-isleño del público y colgando cientos de miles de millones de banderas españolas (la cifra fue aportada por él mismo; ya saben cómo es para calcular), en las fiestas de sardinas y papas arrugadas, para seguir minando la moral de los seguidores ultras de Jóse Ber-Mayor.
Serán tres años de juego sucio. De tirarse los trapos a la cara cuando se vean. De intentar que los jueces (deportivos) les acepten hierros de “skinheads” en los guantes del 2011. Meses que servirán al público para ponerse de un lado o del otro. Con enormes ganas de ver sangre, golpes duros e incluso bajos… de que se partan definitivamente la cara para saber quién cae a la lona y quién gobernará la ciudad.
El último episodio del pre-combate fue en el Carnaval de Día. Todo era demasiado bonito, “tumach” idílico, para que ambos púgiles compartieran rendimiento social. Para nuestros boxeadores no va a existir tregua hasta el final. Unas banderas televisivas aquí y unas banderolas radiofónicas allá bastaron para que al mirarse nuevamente a la cara, en la fiesta más popular de los últimos años, comenzaran los insultos con lenguaje de signos, sus advertencias en Braille, sus “mira que tipo éste; me lo voy a comer crudo”. Y el público eufórico, gritando, aplaudiendo. Con enorme deseo de que llegue el 2011. Pero falta tanto tiempo que, igual, los amantes del boxeo acabarán hartos de tanto pre-combate. A lo mejor ya casi nadie comprará entradas para la pelea de ese día. Ya no podrá Stoiento regalar localidades a quien se afilie a su gimnasio en la puerta de la Sociedad del Subdesarrollo. Ese invento estará en manos de Ignacio González, conocido por Onliwuanvaliú, del que ignoramos a quién gustará animar en 2011. Porque otros Ciudadanos y los Púgiles Partidos por el Socialismo no contarán en la Gran Pelea, perdieron todas las eliminatorias.

